jueves, 4 de septiembre de 2014


(SEMESTRE: AGOSTO 2014 - ENERO 2014)
LECTURA 2, PARCIAL 1
Cálidas nalgas

Este Viernes por la noche
las muchachas mejicanas en el carnaval católico
parecen muy buenas
sus maridos andan en los bares
y las muchachas mejicanas lucen jóvenes
nariz aguileña con tremendos ojazos,
cálidas nalgas en apretados bluyines
han sido agarradas de algún modo,
sus maridos andan cansados de esos culos calientes
y las muchachas mejicanas caminan con sus hijos,
existe una tristeza real en sus ojazos
como si recordaran noches cuando sus bien parecidos hombres-
les dijeron tantas cosas bellas
cosas bellas que ellas nunca escucharán de nuevo,
y bajo la luna y en los relampagueos de las
luces del carnaval
lo veo todo y me paro silencioso y lo lamento por ellas.
ellas me ven observando-
el viejo chivo nos está mirando
está mirando a nuestros ojos;
ellas sonríen una a otra, hablan, salen juntas,
ríen, me miran por encima de sus hombros.
camino hacia una caseta
ponga una moneda de diez en el número once y gane un pastel
de chocolate con 13 coloreadas colombinas en la
cima
suficiente por demás para un ex-católico
y un admirador de los calientes y jóvenes y
no usados ya más
afligidos culos de las mejicanas.
Charles Bukowski


Versión de Rafael Díaz Borbón

(SEMESTRE: Agosto 2014 - Enero 2014)
LECTURA 1, PARCIAL 1

El costo de aprender


Nasrudín decidió que podía beneficiarse aprendiendo algo nuevo y fue a visitar a un renombrado maestro de música:

- ¿Cuánto cobra usted para enseñarme a tocar la flauta? - preguntó Nasrudín.

- Tres piezas de plata el primer mes; después una pieza de plata por mes - contestó el maestro.


-¡Perfecto! - dijo Nasrudín; - comenzaré en el segundo mes.

lunes, 9 de junio de 2014


(SEMESTRE: FEBRERO 2014 - JULIO 2014)
LECTURA 4, PARCIAL 3

El fútbol a sol y sombra: “El hincha”

Una vez por semana, el hincha (1) huye de su casa y acude al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpentinas y el papel picado: la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, Glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: “Hoy juega mi club”. Más bien dice: “Hoy jugamos nosotros”. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria, qué goleada les hicimos qué paliza les dimos, o llora su derrota, otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego audaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, ya que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de ceniza después de la muerte del carnaval.

(1) Hincha. Persona que pertenece a la afición de un equipo deportivo y lo sigue con pasión y entusiasmo.

* Extracto del libro “El fútbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano.
(SEMESTRE: FEBRERO 2014 - JULIO 2014)
LECTURA 3, PARCIAL 3

Parábola sufí


Un hombre fue al río muy temprano por la mañana para dar un paseo y se tropezó con un saco. Abrió el saco; estaba lleno de piedras. Se sentó en la orilla y juguetonamente empezó a tirar las piedras al río. Disfrutaba viendo cómo salpicaban las piedras. Poco a poco empezó a amanecer y el sol empezó a salir. Ya sólo quedaba una piedra. La miró, pues ahora había bastante luz, y empezó a golpearse en el pecho llorando. Algunas personas se reunieron a su alrededor preguntándole: "¿Qué es lo que pasa?". Él contestó: "Es un diamante, y he tirado miles.  Los he estado lanzando continuamente sin saber lo que estaba tirando.  Pensaba que sólo eran piedras. Y  ya sólo me queda una".
(SEMESTRE: FEBRERO 2014 - JULIO 2014)
LECTURA 2, PARCIAL 3

Buscando la llave


Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.
- ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.
- Sí, estoy buscando mi llave.
El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
-¿Qué estáis haciendo? - les pregunta.
- Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.
Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:
- Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
- No, dice Nasrudín
- ¿dónde la perdiste, pues?
- Allí, en mi casa.
- Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
- Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.
(SEMESTRE: FEBRERO 2014 - JULIO 2014)
LECTURA 1, PARCIAL 3 

La parábola de la rana hervida.


Si ponemos una rana en una olla con  agua hirviendo, inmediatamente intentará salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla. 
Aunque nada se lo impide… ¡la rana se queda allí y se cocina! 

jueves, 24 de abril de 2014


(SEMESTRE: FEBRERO 2014 - JULIO 2014)
LECTURA 4, PARCIAL 2                    Fábula 


En aquella región se erguía una tabla. En la punta tenía atravesado un largo y brillante clavo. El clima era hermoso, la tierra fragante y el cielo transparente. Todo parecía sumergido en una paz eterna. El clavo se sentía bien, el viento hacía vibrar su cuerpo agudo: “¡Doy notas musicales, soy feliz!” A esos parajes llegó un dedo meñique. Al ver a nuestro clavo, exclamó: “¡Qué bello eres! ¡Amo tu música! ¡Te adoro!” Su enamoramiento hizo que quisiera estrechar a su amado. El clavo le advirtió: “¡A mí también me excitas, pero ten cuidado, mi acero es más afilado que el de un bisturí, puedes herirte!” “¡No importa -contestó el meñique- deja que me acerque!” Y abalanzándose hizo que la punta lo picara. Por su herida salió una gota de sangre. “¡Dedo loco: si continúas te destruirás!”, protestó el clavo. Pero el dedo, enceguecido por su pasión, respondió: “¡Quiero llegar al fondo: conociéndote haré míos tus secretos!” Y empujó, atravesándose, hasta tocar con su yema la aspereza de la tabla. El obstáculo lo desesperó. “¡Oh, esta madera me impide llegar a tu cabeza!¡Quítala!” “¡No puedo, ella me sostiene, es la base de mi fuerza y mi canto!”, explicó el clavo. El dedo lloró: “¡Qué decepción! ¡Nunca podré conocerte por entero! ¡Te odio!” Y se desprendió del acero gritando de dolor. “¡Han tratado de destruirme! ¡Socorro!” Inmediatamente llegaron sus cuatro hermanos y al verlo sangrar acusaron al clavo de corruptor de menores y criminal. Se lanzaron hacia él y lo doblaron hasta quebrarlo. Le dijeron al pequeño: “¡Ya no volverá a causar daño! ¡Olvídalo!”: Y se fueron. Al poco tiempo el meñique comenzó a aburrirse. Vio a un hermoso cactus que se estiraba hacia el sol. “¡Oh, sus espinas brillan como astros! ¡Lo amo! ¡Quiero abrazarlo!”. El cactus le advirtió que tuviera cuidado, pero el dedo no quiso oírlo, embriagado por su pasión. “¡Amo tu verde radiante! ¡Te adoro! ¡Deja que me acerque a ti!”…